¿Eres de los que has vuelto de vacaciones y lo primero que te encuentras en la oficina es que tienes todos los ficheros encriptados?

Qué mejor a la vuelta del paraíso que encontrarte con la empresa parada porque un canalla ha decidido entrar en tus servidores, encriptar todos los ficheros y ahora pedir un rescate. Y además el canalla es un cachondo porque te lo dice como si te hiciera un favor. La madre que lo parió.

Ha pasado mucho tiempo desde aquel virus que te sacaba una pelotita rebotando por la pantalla, aquel mensaje de un amigo con una carta de amor, y esto.

Ahora lo conocemos todos como el Cryptolocker. Seguro que has escuchado en amigos, conocidos o en una cafetería «Hemos pillado el Cryptolocker» ( o cryptolover como le llaman los más románticos)

¿Y ahora qué hacemos?

Pues bien, si eres de esa minoría que tiene un protocolo completo de gestión de sus copias de seguridad, retenciones y un proceso de sacar una copia fuera de la compañía, enhorabuena. Sólo deberás asegurarte de tener limpio el equipo y ponerte a recuperar ficheros.

Pero seguramente, eres de la otra minoría mayoritaria que el tema de las copias…bueno…ahí hay alguien que cambia una cinta…alguien que se copia las cosas en un pen drive…hay alguien que hace algo con las copias, pero menuda mala pata, justo ayer tuvo fiesta y no hizo eso que suele hacer rigurosamente cada día. Ya…Pues si eres de esos (tú no claro, tu conocido sí que es de esos) empieza a llorar o a sacar la cartera y paga ese rescate en formato Bitcoins.

Y ahora empecemos a pensar en nuevos protocolos de copias de seguridad, nuevos sistemas basados en nube, y nuevos responsables que se encarguen de revisar que «eso» funciona cuando debe hacerlo.

Y bienvenido a una nueva minoría

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